Días muy extraños e inciertos estamos viviendo, con la información que cambia cada minuto. Al principio estábamos entre incrédulos y optimistas, pensando que China está tan lejos, y que esto no nos iba a tocar a nosotros. Estamos acostumbrados a ver la guerra por televisión y la escasez en países lejanos y no el en Mercadona de la esquina, como acaba de ocurrirme esta mañana.

Está claro que en toda crisis hay también una oportunidad. Me emociono cuando veo carteles en los edificios de vecinos que se ofrecen para hacer las compras a personas más vulnerables y cuidar de sus niños. Me lleno de orgullo escuchando los aplausos de las 20hs. Me preocupa y me conmueven los médicos, enfermeros y demás personal sanitario que trabaja en primera línea, exponiéndose ellos mismos y a sus familias para ayudar a otros. Me fascinan los médicos jubilados que pudiendo estar en su casa se ofrecen voluntarios para asistir aún siendo ellos mismos del grupo de riesgo. No son menos valientes los panaderos, recepcionistas, los camioneros, o los que nos quedamos en casa, cada uno poniendo nuestro granito de arena.

 

Me alegro de escuchar en los medios de comunicación que “la salud es lo más importante”, a ver si de una vez por todas nos damos cuenta de que la salud importa más que el dinero. Me alegro de saber que tantas personas conscientes y respetuosas nos quedamos confinadas aún en espacios muy pequeños por el bien de la comunidad por encima del nuestro. Me alegro de que podamos tener la oportunidad de ser más amables y pacientes con nuestros hijos, parejas, padres. Me alegro de que tengamos tiempo para encontrarnos, señal de que todavía estamos aquí. Me alegro que se ponga algo de freno al turismo masivo que arrasa con todo, aunque sea por unos pocos días. Me encanta que los cielos de las ciudades estén menos contaminados. Estoy feliz de poder quitar el polvo de las hojas de mis plantas con delicadeza y poder germinar semillas junto a mi hijo sano y observar el milagro de la vida. El buen contagio es la gratitud, la solidaridad y la consciencia.

Podría pasar que ahora nos demos cuenta que la incerteza que habita en esta vida. Que nuestra falsa ilusión de control es justamente eso, falsa muy falsa. Quizás esta experiencia nos haga más a nuestra vulnerabilidad y más agradecido con todo lo que tenemos, tanto en cosas materiales, como nuestras personas queridas que damos por sentadas, nuestro trabajo del cual nos quejábamos.
Este momento histórico está lleno de oportunidades. Quedarnos en casita es difícil pero no es tan grave. Como dice el viejo proverbio chino “esto también pasará”.

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