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Nuria nos narra cómo fue su experiencia en la terapia.

“Casi tranquila, casi bien, casi sin dolor, casi motivada, ‘casi yo misma’. Al comenzar la terapia recuerdo tener constantemente la sensación de vivir en un estado de ‘casi’. No estaba completamente bien, pero tampoco totalmente mal”.

Ella es Nuria, una chica de 35 años que comenzó su terapia hace un año debido al dolor emocional que experimentó al tener que abandonar su pasión por el deporte y su sueño de convertirse en una atleta de competición, todo esto a causa de una lesión física. Esta situación dejó una profunda huella en su bienestar emocional y físico.

A través de sus palabras muestra su valiente recorrido para sanar heridas profundas y encontrar autenticidad en medio de la adversidad. Les comparto a continuación su historia en sus propias palabras:

Vivía obligándome a pasar las horas (como si estuviera bien). Estaba algo cansada, algo triste, algo apática, desconectada por completo de mi cuerpo (sentía que me había traicionado) y de las sensaciones de placer.

“No me siento a gusto con mi forma de ser, mis hábitos, mi alimentación ¡Mi libido es inexistente! Discuto de más con mi pareja ¡echo de menos a la Nuria de antes!” Recuerdo que estas fueron mis primeras palabras con Valeria. Aún estaba procesando mi dolor, tenía idealizada a la Nuria del pasado y tenía mucho miedo. Miedo al sufrimiento, miedo al sexo… Todo sutil y con capas de negación y evitación.

Recuerdo que un día me hice un test sobre estados de ánimo en una web y me indicó “depresión leve”. Eso me sorprendió a mí misma ¡no lo podía creer!

Entonces, me di cuenta que mi emoción predominante era la tristeza; sentía dolor emocional, cansancio, apatía. Y a la vez, estaba ilusionada de iniciar una nueva etapa en Barcelona, tanto a nivel profesional como personal, enamorada de mi pareja…

No sé muy bien (ahora no recuerdo), lo que me convenció de empezar la terapia psicológica. Quizás fue el test, quizás fue la falta de libido o la idea de que si iba a empezar estas andanzas en una nueva ciudad y como adulta autónoma, más valía trabajar temas pendientes.

Mi experiencia con la terapia.

En terapia trabajamos mi relación sentimental con mi pareja (Roger), el conectar con el placer y la ligereza; el duelo por mi carrera frustrada como atleta de competición, explorar y ponerle nombre a mis vivencias y cómo influyeron en el desarrollo posterior de mis lesiones físicas; la relación con mi cuerpo y mis sensaciones (el estar más presente con mi cuerpo, los tipos de hambre).

Mi identidad como profesional, mi miedo e inseguridad con las primeras experiencias con mis pacientes, el sentirme impostora al plantearme si era de verdad mi vocación. El poner límites con figuras de autoridad y entender qué relación he tenido yo con esas figuras de autoridad.

¿Cómo se siente abrirse completamente con una persona que no conoces (psicóloga)?

Al principio sentía que quizás yo era una paciente más fría/cognitiva de lo habitual. Esta idea se fue bastante rápido, pero siempre me pasó (también con mi otra terapeuta) que en terapia bajaba la guardia de ser “Nuria risueña complaciente y alegre” y una parte de mí se ponía nerviosa por si esto generaría rechazo. No recuerdo cuándo dejé de pensar en esto, pero desde entonces he vivido el vínculo terapéutico como algo natural y no forzado.

Me he sentido completamente respetada, escuchada y valorada. No sé poner un ejemplo concreto, pero creo que en cada interacción y sesión de terapia he tenido un espacio de escucha.

Ahora me siento “sostenida”.

No sé muy bien cómo transmitir con palabras, pero con la terapia ha aparecido en mí una especie de lucecita en el pecho que me sostiene, y me da tranquilidad de que podré sortear los caminitos de la vida. He desarrollado muchísimo más mi espiritualidad. Espiritualidad como yo la entiendo, tiene que ver con la fe renovada en mí misma, en el amor, en el mundo.

Hace ya varios meses que disfruto de la luz, de las sensaciones, de hacer cosas tan sencillas pero gratificantes como: mis paseos con los perros. Incluso, soy más ordenada con mi espacio físico (cosa que jamás fui) como si ahora sí viviera en un mundo de sensaciones y no solo de ideas. Me siento más arraigada.

Uno de los logros más grande en terapia fue cerrar el duelo como atleta profesional y sentirme mucho más conectada con mi cuerpo, sus necesidades… Adelgacé casi 8kg desde que empezamos terapia hasta ahora y no porque fuera un objetivo, sino porque dejé de comer con ansiedad, con el afán de anestesiarme, de distraerme.

Me siento mucho más conectada con mis sensaciones, preferencias… Me escucho más y mejor, tanto mis necesidades emocionales, cognitivas, como físicas. Le tengo menos miedo al dolor y una parte de mí lo ve ahora como parte del crecimiento personal. Mi deseo sexual reapareció ¡Me llevo mucho mejor con mi cuerpo en todos los aspectos!

¿Cómo me ha ayudado a nivel profesional?

Respecto a mi vida profesional. Creo que ha sido esencial el proceso de terapia porque he reafirmado mi vocación, me gusta lo que hago, he superado mis miedos al recibir mis primeros pacientes como profesional de la salud. Además aprendí a organizarme y recibí “el empujón” que necesitaba para emprender. Ha despertado esa parte de mí, que siempre supe que estaba allí, como “self-made”.

Respecto a las relaciones en mi vida.

Con Roger, alguien tan absolutamente cercano a mí, he podido dejar ir ciertas experiencias pasadas dolorosas. Me comunico mejor con él porque identifico antes y más rápido mis propias necesidades, frustraciones y las digo.

A nivel sexual hubo un cambio brutal, ahora ambos disfrutamos de nuestras relaciones sexuales. Entendí en qué medida mis acciones afectan a Roger y he podido asentar la idea de la relación que quiero tener con él.

En febrero tuvimos nuestra gran crisis (aún la estoy procesando). En terapia me ayudaste a diferenciar y separar el daño que yo había hecho a lo largo de los años, y del dolor que sentía por mis propias heridas. A pesar de sentirme completamente desolada, pude observarme “al borde del precipicio” y a la vez quererme y respetarme. Perdonarme a mí misma, perdonar a Roger.

Él es, hasta la fecha, la relación más profunda que tengo y por lo mismo es compleja, cambia. Pero me has dado orden y comprensión de mí misma y eso creo que se refleja en mi relación.

Con mi familia, amigos, y otras relaciones, no he notado un cambio profundo per se, simplemente creo que soy más genuina. Cada día expreso más lo que pienso y siento. Recuerdo debatirme mucho cada vez que alguien me veía seria y me decía: “con lo sonriente que siempre has sido” “con lo mona” “ con lo bien que caías a todos de primeras”. Ese tipo de comentarios que antes me generaba dolor, ahora los recibo, tranquila y orgullosa.

“Estoy más seria porque no siempre me apetece sonreír y escucho mis necesidades antes de atender las de los demás”. Con energía limitada, prefiero dedicarla a mis seres más queridos que a un desconocido y creo que he encontrado mucha consciencia de lo que me apetece y lo que no me apetece. Me siento a gusto conmigo misma.

¿Qué herramientas adquirí a lo largo del proceso?

–       Gestión del dolor emocional.

–       Aprendí la práctica del mindfulness a través de la meditación y a conectar con el momento presente.

–       Gestión de conflictos relacionales.

–       Establecer límites.

–       Expresar mis preferencias y necesidades, aunque esté en desacuerdo con otros.

¿Cuál sientes que es tu mayor logro con la terapia?

Es difícil saber qué es lo que más me ha servido del proceso terapéutico. Lo describiría como “magia”, un día te despiertas y ves que te sientes mejor, te quieres más y estás más a gusto con tu vida. Creo que para mí fue muy importante ir más allá y reabrir cajones que yo creía cerrados y que en realidad me afectaban muchísimo.

La honestidad sobre cómo me encuentro y los temas que tengo pendientes en mi vida, ha sido una de las cosas que más valoro haber conseguido en esta terapia. Creo que soy muchísimo menos evitativa que antes y me siento capaz y entera de hablar, reflexionar y aceptar temas complejos y duros de mi vida.

Antes, había cierta sensación de que si abría un tema todo se iba a desbordar y me llevo el regalo de saber que puedo abrir un tema feo, complicado, y hablarlo, procesarlo, llorarlo. Ahora soy capaz de aceptar que me afectó y me sigue afectando, y a pesar de eso, seguir hacia adelante.

Sí, me quedo con esto: he ganado muchísima honestidad conmigo misma ¡Ese es el mayor regalo!

Aclaratoria: El caso es real pero el nombre de Nuria es ficticio para proteger la identidad de la paciente.

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