
Pusimos muchas expectativas en las vacaciones para estar tranquilos, compartir momentos bonitos y re-conectar en pareja. Pensábamos que todo el estrés del año y las prisas iban a poder quedar atrás para volver a encontrarnos.
Sin embargo, para muchas relaciones ya frágiles, esto no se ha cumplido en absoluto. Las vacaciones no han ido mejor, no han sanado, no hemos podido tener el diálogo o entendimiento que necesitábamos para salvar la relación. Al contrario, en septiembre, empezamos el final de esta historia. En este artículo, exploraremos por qué el período post-vacacional es un catalizador para las rupturas, qué señales debemos buscar y si la terapia de pareja puede ayudar reparar el vínculo de pareja o no.
Septiembre es un mes crítico en divorcios
Las estadísticas oficiales sobre divorcios en España, publicadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE) suelen ser anuales. En 2024 se produjeron en España 86.595 disoluciones matrimoniales (divorcios, separaciones y nulidades) ¿Te puedes imaginar cuántas personas están pasando por esta dolorosa crisis, cuántos hijos van a empezar a ir de casa en casa con estos números? Los divorcios aumentaron un 8,2% con respecto al año anterior (2023). Aunque no tengamos estadísticas oficiales por mes, muchos profesionales relacionados con este tema como psicólogos, abogados, mediadores, etc., sabemos que el pico se produce en septiembre y octubre. Esto es un reflejo de que las tensiones latentes que se acumulan durante el año y que se fueron postergando ya no dan para más.
A veces el divorcio es en esta fecha porque teníamos esas vacaciones ya reservadas y pagadas o porque teníamos unas expectativas milagrosas depositadas en el viaje. Sea como fuere, el mes de agosto no alcanzó para solventar los problemas de base y toca enfrentar lo inevitable.
¿Cómo es una relación de pareja sana?
Una relación de pareja satisfactoria y saludable no es un cuento de hadas ni un milagro, es el resultado de un trabajo consciente y compartido. Los beneficios de construir una pareja sana son muchos. He elegido estos ítems que espero que te sirvan como inspiración:
- Compañerismo: Saber que tienes un equipo, un apoyo incondicional en los buenos y malos momentos. Cuando el vínculo pasa la primera etapa de pasión e idealización, se afianza aún más esta fase de compañerismo y seguridad, con los dos tirando para el mismo lado y queriendo cubrir al otro donde no puede llegar.
- Comunicación: La comunicación es la columna vertebral de cualquier relación. Permite a la pareja expresar sus necesidades y miedos de forma abierta, evitando malentendidos y resentimientos. Dificultades y conflictos habrá siempre. Saber construir soluciones con diálogo es fundamental. Al dialogar, se construyen puentes de entendimiento, resolviendo los conflictos de forma constructiva. Es la herramienta clave para crecer juntos y mantener un vínculo fuerte.
- Confianza y Seguridad: Sentir que puedes ser tú misma/o, vulnerable, sin miedo a ser juzgada/o, rechazada/o, criticada/o. Saber que el otro dice la verdad y que es una persona coherente y consistente.
- Paz y Bienestar: una amor sano también es de alguna forma un amor tranquilo, por esta misma seguridad que sentimos. Una pareja saludable es un refugio, un lugar donde encontrar serenidad, tranquilidad y compañerismo.
- Alegría y Complicidad: Compartir momentos de felicidad y risas, aventuras, diversión y aficiones dan chispa al vínculo y a nuestra vida.
La tragedia de llegar tarde a terapia de pareja
Uno de los mayores desafíos en mi consulta es la tendencia de las parejas a buscar ayuda profesional cuando ya están en un punto de no retorno. La mayoría viene como último recurso después de haber esperado demasiado. En esta espera antes de separarse no hay acciones de acercamiento eficaces, ya que por el dolor emocional implicado, a veces es muy difícil empezar conversaciones constructivas. A veces el vínculo está tan dañado que el rencor, la rabia o la distancia emocional hace que reconstruir la conexión afectiva sea extremadamente difícil. La terapia no debería ser la última oportunidad. Está pensada más bien como una herramienta para mejorar el vínculo y aprender a funcionar diferente, pero si ya no hay ni un mínimo de respeto, comprensión o empatía y llegamos con odio y sin esperanza, cargamos con demasiada presión al proceso psicológico. Acudir a tiempo, cuando los problemas son manejables, aumenta exponencialmente las posibilidades de éxito. No esperes a que tu relación se rompa para buscar ayuda.
¿Cómo se trabaja desde la psicología integradora y feminista?
La psicología integradora entiende que somos seres con diversas aristas: emocional, cognitiva, conductual, social, espiritual, etc. Trabajamos con todas ellas formulándote una propuesta clara desde la primera sesión y respetando tu propio ritmo.
En terapia se revisan muchos vínculos: desde las primeras experiencias y modelos familiares que nos influyen hasta relaciones actuales (con amigxs, jefes) que también pueden ser abusivas.
Mi especialidad en violencia machista me permite identificar y trabajar con dinámicas de poder desiguales que a menudo se disfrazan de “problemas de pareja”. Muchas mujeres que acuden a mi consulta han sufrido maltrato psicológico o abuso. Es fundamental reconocer y distinguir una relación sana de la que no lo es. Al terminar la terapia, sabrás muy bien en qué tipo de relación quieres estar.
No esperes a que la situación sea insostenible. La terapia de pareja o individual puede ser el punto de inflexión que necesitas. No solo para tener una relación de pareja satisfactoria, sino para sanarte a ti misma y aprender a construir vínculos basados en el respeto, la alegría y el amor auténtico.
Estoy aquí para acompañarte en ese camino.


